lunes, 14 de abril de 2008

Ojalá año nuevo

Un perro es el dueño de la casa que alquilo en vacaciones.
Tiene ocho mosquitos de mascotas que cuando se baña en el río lo esperan en el muelle.

A las 21:15 viene alguien muy grande y apaga la luna unos instantes.

Al principio causa una gracia tremenda pero, enseguida, preocupación.
Luna – luz – agua.


El perro duerme tranquilo en la escalera.

Acostumbramiento quizás?
El agua mansa se va y no vuelve.

Escuchamos grillos, ranas, patos y arañas.
El pato se oye enojado. Se queja.
Las ranas transmiten novedades.

Bachicha duerme. Camino al costado y el hocico pegado al piso.

Acostumbramiento quizás?
La araña se desentiende de la brasa ardiente

y se columpia en su tela nueva. Se columpia… se columpia…
Las ranas y los patos hacen coro a los grillos.

La velocidad de una nube sorprende al isleño incauto

pero no a su perro que domestica mosquitos.
Intenta entrar en la casa subiendo de a tres escalones.

Sus mosquitos duermen la mona de sol, sangre y humedad.

La luna se enciende, o vuelve, o nunca se apagó y el viento, silencioso, me dice: Estamos en paz.
Adiós mosquitos, que sea hasta mañana.
Ojalá mañana se haga año nuevo, le digo al perro.
Ojalá.

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